En las vitrinas del Museo Británico descansa una copa romana de más de 1.600 años con una propiedad que desconcertó a los investigadores durante décadas: iluminada desde el frente, muestra un verde jade intenso; iluminada desde atrás, se vuelve de un rojo sangre profundo. Se le conoce como el Cáliz de Licurgo, en honor a la escena que representa: el mítico rey de Tracia atrapado entre las vides de Dioniso.

El misterio no se resolvió hasta 1990, cuando un equipo de investigadores analizó al microscopio pequeños fragmentos rotos del vidrio. Lo que encontraron fueron partículas de oro y plata de apenas 50 nanómetros de diámetro — se necesitarían mil de ellas, una junto a otra, para igualar el ancho de un grano de sal fina. Sin saberlo, los artesanos romanos habían sido pioneros de la nanotecnología, quince siglos antes de que la palabra existiera.

La explicación es tan elegante como el objeto mismo: cuando la luz incide sobre el vidrio, los electrones de esas nanopartículas metálicas vibran de una manera que depende del ángulo desde el que llega la luz, alterando el color que percibe el ojo. Los científicos sospecharon, además, que si la copa se llenara de líquido, esa interacción — y por tanto el color — también cambiaría.

Como no era posible experimentar con la pieza original, el equipo replicó el efecto en miniatura: perforó diminutos pocillos en una placa de plástico del tamaño de un sello postal y los recubrió con las mismas nanopartículas de oro y plata que usaron los romanos. Al verter distintos líquidos —agua, aceite, soluciones azucaradas— cada uno reveló un color propio y fácilmente distinguible: verde claro para el agua, rojo para el aceite.

Ese mismo principio, sin saberlo, sostiene hoy tecnologías de uso cotidiano: las pruebas de embarazo caseras, por ejemplo, dependen de una reacción de cambio de color con una lógica no muy distinta a la que los romanos dominaban por instinto artesanal dieciséis siglos atrás.

El Cáliz de Licurgo fue adquirido por el Museo Británico en la década de 1950, y su secreto científico se dio a conocer al mundo en la edición de septiembre de la revista Smithsonian.

Fuente: Revista Smithsonian / The British Museum.