A lo largo de los siglos, la tradición católica sostiene que la gracia de Dios trasciende incluso la muerte: por eso, según esta creencia, los santos siguen intercediendo y concediendo favores mucho después de haber dejado este mundo. Se trata de una gracia sobrenatural, ajena a las leyes de la naturaleza, que ningún poder terreno puede imponer ni fabricar.

Quienes consagraban su vida al servicio de la Iglesia —los caballeros y damas de las órdenes templarias entre ellos— lo hacían buscando ese mismo camino: una vida entregada al bien que, según la tradición, es recompensada con dones que van desde la protección y la buena fortuna hasta la sanación, la videncia o una fuerza que sus contemporáneos describieron como sobrehumana.

Reunimos aquí un catálogo de esos dones tal como los recoge la piedad popular y la hagiografía católica, recordando siempre que, según esa misma tradición, ningún santo iguala en poder o misericordia a Jesucristo.

San Francisco de Asís

  • Comunicación con los animales: se le atribuye la capacidad de hablar y calmar animales de todo tipo, incluidos lobos y otras fieras.
  • Videncia: la tradición le reconoce visiones que anticipaban sucesos futuros.

San Gerardo Mayela

  • Multiplicación de alimentos: se dice que bendijo y multiplicó la escasa cosecha de una familia pobre, así como el pan que repartía entre los necesitados.
  • Bilocación: varios testimonios afirman haberlo visto y hablado con él en dos lugares distintos al mismo tiempo.
  • Ocultamiento: según la leyenda, podía volverse imperceptible para orar sin ser visto.

San José de Cupertino

  • Levitación: es quizá el caso más documentado de la hagiografía católica. Su tendencia a elevarse durante el éxtasis era tan conocida que sus superiores lo eximieron de oficiar en el coro, pues las ceremonias debían interrumpirse cada vez que, ante la mención de Jesús o de un santo, entraba en trance y se elevaba del suelo.

San Juan María Vianney

  • Discernimiento de conciencias: la tradición cuenta que podía percibir los pensamientos de quienes se le acercaban; una anécdota célebre narra cómo desconcertó a dos profesores universitarios que buscaban ridiculizarlo.

Santa Catalina de Siena

  • Ayuno prolongado: se le atribuye haber vivido sus últimos diecinueve años sin más alimento que la Eucaristía, sirviendo a la Iglesia con una energía que sus contemporáneos consideraron sobrenatural.

San Elías

  • Dominio del fuego: las Escrituras le atribuyen la capacidad de invocar fuego del cielo para defender su misión profética.

San Vicente Ferrer

  • Resurrección de muertos: según la tradición, en varias ocasiones devolvió la vida a personas fallecidas ante la mirada de numerosos testigos.

San Juan Bosco

  • Curaciones: se le atribuye haber sanado enfermedades con la imposición de manos.
  • Videncia profética: la tradición salesiana recoge varios sueños suyos interpretados como anuncios de sucesos futuros.

Juana de Arco

  • Videncia y sanación: se le atribuyen visiones proféticas y el don de curar a los enfermos.
  • Valentía en la batalla: su liderazgo militar, atribuido por ella misma a la inspiración divina, es uno de los episodios más estudiados de la historia medieval.

San Padre Pío

  • Estigmas: portó durante décadas las marcas de la Pasión de Cristo, documentadas por médicos de su época.
  • Discernimiento de conciencias y curaciones atribuidas a su ministerio como confesor.
  • Bilocación: existen testimonios —nunca confirmados oficialmente— de fieles que aseguraron haberlo visto lejos de su convento de San Giovanni Rotondo mientras él permanecía allí.

San Juan Apóstol

  • Supervivencia al martirio: la tradición cuenta que sobrevivió a ser sumergido en aceite hirviendo y murió de ancianidad, tras ser desterrado a la isla de Patmos, donde escribió el Apocalipsis.

San Dionisio de París

  • Predicación tras la decapitación: según la leyenda medieval, tras ser decapitado en la colina de Montmartre continuó caminando y predicando durante varios kilómetros con su propia cabeza entre las manos.

Santa Catalina de Alejandría

  • Evangelización bajo persecución: se le atribuye la conversión de cientos de personas durante su cautiverio, y la rotura milagrosa de la rueda con la que intentaron ejecutarla.

San Policarpo de Esmirna

  • Resistencia al fuego: discípulo del apóstol Juan; la tradición narra que las llamas de su hoguera no lograron consumirlo.

El profeta Daniel

  • Protección divina: según el relato bíblico, sobrevivió intacto a una noche encerrado en el foso de los leones.

San Benito de Nursia

  • Protección providencial: la tradición benedictina narra dos intentos de envenenamiento frustrados de forma prodigiosa: una copa que se rompió al ser bendecida y un pan que un cuervo retiró antes de que lo comiera.

Santa Clara de Asís

  • Defensa de su convento: se le atribuye haber hecho retroceder, solo con su presencia, a un contingente que amenazaba Asís.

Santa Teresa de Ávila

  • Éxtasis místico: sus propios escritos describen experiencias de arrobamiento que la tradición carmelita interpreta como un desprendimiento del cuerpo durante la oración.

San Andrés Apóstol

  • Fortaleza ante el martirio: la tradición sostiene que pidió ser crucificado en una cruz en forma de X, por no considerarse digno de morir como Cristo, y que soportó el suplicio con serenidad.

San Lorenzo

  • Serenidad ante el martirio: según la tradición, fue asado vivo sobre una parrilla y conservó el humor hasta el final, pidiendo a sus verdugos que le dieran la vuelta porque ya estaba «listo de ese lado».

San Nicolás de Mira

  • Protección de los niños: es patrono de la infancia por varios relatos en los que salvó y devolvió la vida a menores en peligro, origen de buena parte de su devoción popular.